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MITOS, CUENTOS Y LEYENDAS
DE JUAN FRIO
¡EL ESPANTO DE JUAN FRIO!
¿Hombre o Mujer?
Desde hace muchos años de los cuales ya no hay memoria, algunos
choferes que se movilizan en las horas nocturnas en cercanías del corregimiento
de Juan Frío rumbo a otros municipios, han visto el celaje de una mujer
rubia de ojos azules que camina en el aire; varios vehículos la han
arrollado pero se levanta sana y se pierde en el monte. Ancianos en
el humo del paso del tiempo, aseguran que el espanto no es mujer, por
lo contrario, fue un varón de pelo en pecho que contaba sus conquistas
amorosas y al dejar la vida recibió la condena de salir a penar en forma
de dama para que los lujuriosos admiradores le paguen con la misma moneda.
Por BETO RODRIGUEZ
Desde hace muchos años los viajeros que utilizan la carretera
del corregimiento rosariense, de Juan Frío, para dirigirse a Herrán
y Ragonvalia han visto a una extraña mujer que se le atraviesa a los
autos y sale ilesa. Los atónitos conductores ven a la dama caer bajo
las llantas de pesados autos, se levanta sin problema y se pierde en
el monte. El fenómeno se presenta cada siete años, por ser este el número
preferido por los entendidos en materia del más allá. Algunos choferes
dicen que la femenina camina a menos de un metro del suelo, y que luego
de las apariciones se escucha una bella melodía y un intenso olor a
jazmines y azahares encanta el ambiente. Las extrañas apariciones de
tan bella mujer han causado por temporada alarma entre los habitantes
del corregimiento, rico en paisaje y criaderos de apetitosas cachamas,
afrodisíaco alimento que levanta el ánimo a los pobres de espíritu.
Desconcertados pilotos de diversos automotores, consideran que el asunto
hay que prestarle atención y no han dudado en pedir ayuda a los espiritistas
de Villa del Rosario, donde invocan los martes y viernes el ánima del
caritativo Juan el zorro.
Pato
Ciertos creyentes de las apariciones de seres de ultratumba, dicen
que el caso de la dama es verdad, pero no se trataba de una hija de
Eva, sino de un hombre. El alma en pena a quien sólo se le conoce con
el apodo de pato, fue un vago consumado, y despojaba, de pura confianza,
a sus amigos de la bolsa y haberes.El tal pato era una especie de campeón
del recorrido entre Caracas, Santa fé de Bogotá y ciudades intermedias
donde buscaba refugio luego de cometer alguna fechoría. Pato era una
verdadera trampa para atrapar gol`pes y con el tabique nasal roto y
los ojos morados recurría a la limosna. Estuvo por pequeñas temporadas
entre rejas, acusado de delitos menores y un día apareció muerto en
las cercanías de la frontera. Hablaba mal de las mujeres. Contaba lo
que hacía en cuestión de amores y por eso se convierte en ella y sale
a pedir perdón para lavar los negros pecados.
Sodoma y Gomorra
Determinados ancianos próximos al fin de la vida, refugiados en
la oración y demás prácticas de fé, desde el exilio en la capital del
norte, afirman que el caso es verdad. Los veteranos de tantas batallas
por la existencia, dicen que no se trata de una muerta, sino dos difuntas
a quienes en vida llamaron por mal nombre las siniguales Sodoma y Gomorra.
Las señoritas Sodoma y Gomorra hicierón de la vida un total carnaval,
y en plan de fiesta se pasearon por la Villa Histórica para hacer víctimas
a los atrevidos que se fijaran en el contoneo de sus candentes caderas.
Las mujeres con sus apodos hicieron honor al recuerdo de las bíblicas
ciudades y aquel que caía en sus garras perdía la razón y si era casado,
terminaba el matrimonio. Las temibles hermanas enloquecieron a bastantes
hombres, pero tuvieron la buena intención de no fijarsen en los pobres;
apenas le lanzaban miradas de confusión y amor a las personas de reconocida
capacidad económica y generosos del bolsillo. Las alegres parrandistas
salen a pedir ayuda para librarse de culpas, convertidas en estatuas
de sal, dijo un viejo curtido por el paso de los calendarios.
Dos hippies
En 1960 una pareja de jipis norteamericanos al serle negada la
visa para pasar a venezuela, decidierón decidieron desplazarse de manera
ilegal a la patria del Libertador. Según versiones de prensa, los melenudos
con simbolos de la paz pintados en la cara, a pie, tomaron la ruta del
histórico corregimiento. Con sus mochilas al hombro, los enamorados
tomaron el camino a la frontera y nadie volvió a saber de ellos. Un
mes después los cadáveres de los viajeros fueron encontrados en el río
táchira, cuando las aves de rapiña y los gusanos habían celebrado un
suculento festín. Los crédulos en asuntos de la fosa, aseguran que la
gringa sale a espantar por haber sidi evangélica y porque murió sin
confesión.
Un buquero
También achacan las eventuales aventuras de miedo a un “buquero”,
que abandona el cementerio y busca entre los vivos, oración y terror
para encontrar la paz que da el camposanto. “Lo de ladrones de autos
son raros, porque en esa parte no hay rateros de coches”, dijo un morador
de esa zona del departamento. Pero en cosas de la muerte apenas conoce
los pecados quien los cometió y tuvo conciencia para aceptar dar pasos
fuera de la ley divina. El ladrón de vehículos abandona la tierra, para
darse un paseo de alegre difunto entre los que todavía disfrutan de
la prebendas del planeta. El “buquero”, como se denomina en el argot
del hampa a los especialistas en hurtar autos, mantuvo 3 hogares e igual
número de mujeres en un desencadene sexual sin límite de tiempo y circunstancias
de modo tiempo y lugar. Borracho contaba lo que hacía con sus cónyuges,
y al poco tiempo de morir en Venezuela en las garras de la PTJ, los
curiosos dijeron haberlo visto en noches de luna llena porque dejó dinero
enterrado. Los mismos afirman que se convierte en ama de hogar porque
con su purulenta lengua abatió la honra de cantidad de señoras virtuosas
y perfectas madres.
Contrabandista
Veteranos y raizales hijos de la Villa del Hombre de las Leyes,
han dicho que el cuento de la fantasma es la pura verdad. Aceptan la
aparición de una mujer, pero en el fondo del intrincado episodio se
trata de un hombre. Le echan la responsabilidad a un tal Angel que dejó
62 hijos diseminados entre los dos países. El mencionado tuvo éxito
con el contrabando y hacía lo que quería con el poder de la cartera.
Desató escándalo con sus romances, con orgullo, en medio de singulares
borracheras mostraba la hombría, tan voluminosa que le cortaba el habla
a los contertulios.
Le aconsejaba a los mirones seguir su ritmo de vida y en alguna fecha
gozar del descanso eterno. Pero no ocurrió de igual manera, porque el
bragueta loca se revuelve en la tumba y convertido en lujuriosa matrona
sale a pedir clemencia entre los coquetos y polígamos conductores.
Una anciana
En la carretera de Juan Frío desde hace innumerables almanaques,
las autoridades han levantado cadáveres de desconocidos en avanzado
estado de putrefacción. En esa franja han aparecido cuerpos de hombres
pasados a bala y quemados con ácido para hacer imposible la identificación.
Los descompuestos cuerpos han recibido el albergue de la fosa con el
distintivo de NN, y no se sabe el resultado de la investigación para
hallar a los culpables de tan horrendos crímenes. Hace decenios un anciano
gruñon y misántropo vivió en una hacienda de la frontera.
Se encerró en vida y apenas estrechaba comunicación con el mundo a través
de correo. De esta manera se enteraba de los acontecimientos del palpitar
nacional varias semanas después que ocurrían. Convirtió en esposa a
una cocinera de 14 años, se dispuso a no dejarla salir y la encalabozo
durante medio siglo. El vejete murió y sus 5 hijos entrarón en una descomunal
pelea por la herencia. Culparon a la anciana de haber dado muerte al
esposo, solicitaron necropsia que se realizó en 4 etapas y cada uno
pidió copia del expediente para mostrarlos a la comunidad. La mujer
devorada por las penas, se radicó en casa de un pariente y al corto
tiempo dejó a un lado el derecho a respirar en verdadero estado y olor
de santidad.
Desde entonces los parroquianos dicen que el vestiglo de la mujer, es
el alma del cruel avaro, que dio de palos y puños a la pobre compañera
de presidio. Los descendientes sabedores del espíritu económico del
émulo del rico Mc Pato, en su momento derribaron la casa y escarbaron
los rincones de la hacienda en pos del tesoro para pagar gigantescas
cuentas de licor en renombrados burdeles.
UN FALSIFICADOR
A principios de siglo habitó en la frontera un habilidoso falsificador
de dinero. El sujeto de marras hizo una perfecta réplica de las 30 monedas
de plata del relato bíblico. Era tan ariesgado en su oficio que fabricaba
billetes de 3 pesos y monedas de 3 caras. Lo llamaban el ministro de
educación porque sacaba de problemas a los malos estudiantes de Venezolanos
y les confeccionaba certificados con los honores necesarios y los graduaba
en especiales ceremonias, en las cuales utilizaban a una verdaderarecua
de calanchines. Los ilícitos negocios le producían bastantes ganancias
al pretendido ministro, y, desde luego, se daba vida de lujo, derroche
y lujuria. Convertido en un exégeta del exhibicionismo no era capaz
de aguantar el impulso mórbido de tan aberrante pasión y en largas fiestas
de varios soles y lunas, obligada a los concurrentes a seguir sus instrucciones
en relación con el desnudismo. La capacidad de su cartera llevó a muchos
a imitarlo, y luego que murió en una loca borrachera, algunos parroquianos
dicen haberlo visto penar en forma de mujer.
Un chismoso
Vivió en la cuna del primer hombre de Colombia, un personaje por
su inigualable capacidad para meterse en problemas a causa de su emfermedad
originada en los chismes. Daba razón de las vidas ajenas y nunca de
la suya. Era más metido que una gaveta y en 1971 hizo matar a una señora,
un hijo y un vecino que la visitaba. El insólito protagonista de esa
película veredal, en vez de sentirse mal por la tragedia, por el contrario
sacó pecho y orgulloso dijo: “yo nunca hablo mentiras”. También a este
enrredador lo culpan de convertirsen en mujer para pagar las deudas
desde la otra vida. De todas maneras es una historia rara, porque en
la parca no hay distinción de sexos, desenfrene y menos razones para
que proliferan las ventas de condones.
tomado del diario La Opinión
digitado por: Martha L. Ayala R.
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